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El fútbol italiano guarda cierto parecido con el ajedrez. Hay muchos peones sobre el tablero y pocos huecos. Cualquier error del rival se aprovecha al máximo y saber administrar el tiempo cuenta mucho. En la partida del derbi milanés, el protagonista fue la torre.

Zlatan Ibrahimovic disputaba su primer partido ante el Inter con la camiseta del Milan y sólo tardó cinco minutos en cumplir su amenaza ante sus ex, uno de los muchos que colecciona en su carrera. “Soy feliz en el Milan y me alegraré de poder batir al Inter. Si es con mis goles, mejor”. Dicho y hecho.

A los cinco minutos, Materazzi le derribó sin miramientos nada más poner un pie en el área. El sueco la rompió desde los once metros y encarrilo el partido para los suyos, muy superiores durante la primera media hora. El gigante Ibra convirtió en liliputienses a zagueros tan fieros como Córdoba, Lucio, Chivu y el propio ‘Matrix’, lesionado tras sufrir en sus carnes una embestida del mercancías sueco.

Con Ibra como referencia, el Milan bailó a un Inter desorientado y creo un puñado de ocasiones de gol en las inmediaciones de Castelazzi, sustituto de Julio César en la meta interista. Desde allí vio pasar un obús del sueco en una volea al más puro estilo Van Basten que, de haber sido gol, hubiese abierto un agujero en las redes. Al calor de Ibra se animó a aparecer Robinho para marcar el 0-2 en posición antirreglamentaria cuando se cumplía la media hora.

Gatusso, licencia para pegar
A esas alturas, Gattuso ya había repartido estopa a diestro y siniestro con permiso del señor Tagliavento, otro de esos árbitros que nunca se atrevería a sacar la amarilla segunda al pitbull del Milan antes del descanso. Una falta botada por Sneijder poco antes del intermedio fue la única aportación en ataque de un Inter que mejoró levemente con la inclusión de Coutinho por el lesionado Obi.

Allegri fue listo y dejó en la caseta al soldado Gattuso para dar entrada a Pirlo, una especie protegida en el Calcio. Junto a Seedorf, otro jugón, mantuvo reducido a su mínima expresión al Inter en una segunda parte mediocre por parte de ambos contendientes. La ocasión más peligrosa fue un remate del propio Seedorf que se marchó fuera rozando el poste. Benítez intentó mejorar lo presente dando entrada al agitador Biabany en medio de la nada, con Etoo buscandose la vida como porteador de balones y Sneijder intentando acertar con disparos lejanos.

La cuesta abajo del Inter
Lo que sí está lejos es la versión del Inter de la pasada temporada con Mou al mando. Los neroazzurros confirmaron los pronósticos que daban como favorito al Milan con un fútbol ramplón y sin argumentos que aburre a las ovejas. Tras la derrota como local, los interistas son quintos a seis puntos de sus vecinos, líderes de un campeonato que apunta a cambio de ciclo, para desgracia de Benítez.

Fuente: Marca.com

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