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Está visto que Mourinho no sabe parar quieto. Estaba el partido ya resuelto cuando el realizador de televisión, en espléndido trabajo, nos fue mostrando una película a trozos, una propuesta de acertijo que sólo al final pudo ser resuelta. La cosa es así: Mourinho pregunta algo a Chendo; luego cuchichea con Dudek; después, Dudek va hasta Casillas; cuarto plano, Casillas aprovecha una ocasión para ir al medio campo y hablar con Sergio; quinto, Xabi, que tenía amarilla, fuerza la segunda demorando un saque; sexto y último, Sergio, que estaba en las mismas circunstancias, hace lo propio.

No me gusta, lo siento, pero no me gusta. Sé que es práctico y valoro esa capacidad de Mourinho para estar en todo, pero esto no coincide con la idea del deporte que tengo, ni con la imagen que durante tantos años ofreció el Madrid, sobre todo en Europa. Y es irrespetuoso para esta fenomenal competición, cumbre del fútbol de clubes, y si me apuran también para el Ajax, un club al que el fútbol debe muchísimo. Desde la WM en el Arsenal de entreguerras no ha habido influencia más positiva para el fútbol que la de la escuela del Ajax. Nuestra propia Selección campeona del mundo bebe en esa fuente.

Fue una trapacería menor, pero una trapacería. Me dejó un mal sabor de boca tras un partido espléndido del Madrid, en el que algunos de los no habituales (Arbeloa, Albiol, Lass, Benzema en la primera media hora) dieron una imagen formidable. Hubo goleada, se garantizó el primer puesto del grupo, Benzema y Arbeloa hicieron bellos goles, Cristiano se apuntó dos más en su carrera loca contra Messi, contra sí mismo y contra la Historia. Pero Mourinho tenía que aparecer y apareció. Lo que hizo será bueno para el Madrid sobre el campo, pero más bien malo fuera de él. Y lo de fuera también cuenta.

Alfredo Relaño

Fuente: As.com