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Pedro Rodríguez es campeón del mundo, suma ocho grandes títulos con el Barça y posee el récord singular de haber goleado en seis competiciones distintas. Pedro Rodríguez podría estar jugando perfectamente en el Realejos, el San Isidro o el Atlético Arona, todos ellos equipos tinerfeños. No posee el talento natural de Messi, ni la visión panorámica de Xavi, ni la capacidad de ‘croquetear’ de Iniesta. Si disimula, Pedro incluso podría parecer un futbolista vulgar. Con virtudes indiscutibles, sí, como la velocidad, el disparo con ambas piernas, un buen regate y un físico infatigable, pero no muy diferentes a las de muchos jugadores que ni siquiera han superado el listón de la Segunda División B. Pedro podría estar en 2ª B perfectamente y, de hecho, lo estaría si un entrenador convencido de un modelo de juego y embebido en la idea de los padres fundadores no le hubiese concedido la oportunidad, una y otra vez, y confiado ciegamente en él y otorgado un dorsal que parecía exclusivo para divas internacionales. Guardiola hizo todo eso por Pedro y Pedro respondió con un factor que ha resultado diferencial: su compromiso infinito.

Pedro está donde está porque jamás se rinde y es capaz de explotar sus cualidades innatas hasta el límite y más allá. Hay muchos jugadores mejores que Pedro que jamás han soñado formar parte del Barça y se han rendido bastantes kilómetros antes de vislumbrar la meta. Pedro no se ha rendido jamás, ni siquiera cuando su marcha del club blaugrana parecía irremediable. Un equipo como el Barça ¿cómo iba a darle una misérrima oportunidad a un chico llamado Pedrito? Hubo burlas, por supuesto, con el nombre, unas burlas muy nuestras: Javito, Pedrito, Nolito. ¿A dónde van a ir con estos nombres? Un entrenador novato depositó su confianza en un chaval llamado Pedrito y se la quitó a dos vagos llamados Ronaldinho y Deco. A lo que parece, acertó en su decisión y 15 meses más tarde apareció en una rueda de prensa y dijo: “Todos somos Pedro”. Tres palabras que resumen una filosofía.

Pedro es el espíritu del Barça. No es el alma, ni su mejor jugador, ni el más carismático, talentoso, premiado o premiable; ni el que más cobra, ni el segundo ni el quinto; ni tampoco es portada y, si acaso, muy escasas contraportadas. Pero es el espíritu. Es el que galopa en el minuto 20 y en el 40 y sigue haciéndolo en el 70 y continúa en el 90 y prosigue en el 94 y si el partido dura 120 llega galopando al 125 si hace falta. Galopa a lomos de su padre gasolinero y su madre limpiadora y sabe que sólo corriendo sin parar evitará que se frene esta rueda milagrosa. Pedro posee una gasolina especial: la humildad. Es bueno recordar todo lo anterior por si acaso alguien no sabe quién es.

Martí Perarnau

Fuente: Sport.es