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El Real Madrid sufrió más de la cuenta para seguir la estela del Barça. Seguramente, también más de lo necesario. José Mourinho, poco amigo de las rotaciones, decidió hacerlas todas de golpe. Kaká por Özil y Granero por Xabi, más Gago por Khedira -lesionado-. El experimento resultó nefasto y castigó al Bernabéu con el peor primer tiempo de la temporada. El doble pivote ni creaba ni destruía, lo que permitió al Mallorca disfrutar de una de las visitas más cómodas de su historia a Chamartín. Pudo ser algo más que eso, pero el Mallorca no acabó de creérselo. Con todo, sólo la madera salvó a Casillas de una contra de libro de los baleares, que Nsue -que encontró una autopista en el costado izquierdo del Madrid- tiró por el desagüe con todo a favor.

A esas alturas (minuto 12) era ya evidente la diferencia de rango entre los que estaban jugando y los que, esta vez, no. Además, el dibujo volvió a provocar esa peligrosa tendencia del Madrid a rajarse por el centro del 4-2-3-1. Sin capacidad para generar juego, se echaba mucho en falta la efervescencia de Marcelo, que funcionó bien como interior en el Calderón y obligado esta vez a defender. Porque, en estos momentos, cualquier comparación entre Kaká y Özil es una broma de muy mal gusto. El brasileño no se va de nadie. Literalmente. La pesadez de piernas y mental de Di María acabó por completar el cortocircuito blanco, que tuvo como última consecuencia la total desconexión de Cristiano y Benzema. Pero esta vez el problema no era suyo. Estaba más atrás.

Tan evidente era que Mourinho no tuvo reparos en admitir que se había equivocado. Tras el descanso, fuera Kaká, fuera Gago, y el equipo en manos de Xabi y Özil. El primer minuto, con un Xabi omnipresente en una larga e intensa jugada de ataque del Madrid, justificó la pregunta: ¿No se podía haber hecho al revés, aunque sólo fuera para tener más margen de reacción? Para luego no ir con prisas, como en Almería.

Sin embargo, el Madrid tampoco se vio obligado a hacer un esfuerzo demasiado prolongado. Quince minutos tardó en capitular el Mallorca, que se aculó en tablas y apeló a la ‘mili’ de sus centrales. Nunes y Ramis se cansaron de achicar balones, y el Madrid de botar córners, de los que no sacó en limpio ni un triste remate. El gol llegó por el centro, en una buena maniobra de Benzema, que recibió en ventaja a la altura de la frontal y se hizo hueco ante Ramis. Remató tan rápido que sorprendió a Aouate, que llegó a tocar el balón, pero no lo suficiente.

Tras el gol, Mou no tuvo dudas: Lass por Granero. El equipo captó el mensaje y cedió unos metros, que el Mallorca se vio obligado a ocupar, aunque con escasa convicción. El Madrid se vio en su escenario preferido: por delante en el marcador, arropadito atrás, esperando el zarpazo final. Lo tuvo un Benzema que se vino arriba con el gol, que presionó y cuerpeó, pero que también perdonó una doble ocasión en que pareció congelársele la sangre. Y la tuvo Cristiano, que cabeceó al travesaño, como en Almería. El Madrid jugueteaba en el alambre, despreciando el peligro. No pasó nada porque Casillas sacó un pie salvador ante Webó, que arranca en fuera de juego, en la última jugada del partido. Esta vez salió cara. Pero eso es más cuestión de azar que de fútbol.

Fuente: Marca.com

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