Etiquetas

, , ,

El 5 de julio de 1984, el estadio San Paolo de Nápoles, con capacidad para más de 60.000 personas, se llenó. No se disputaba ninguna final y ni siquiera había partido. La fecha está, sin embargo, grabada en la memoria de los aficionados como una de las más importantes del equipo. Fue el día que se produjo la presentación de Diego Armando Maradona, hasta entonces en el Barcelona, como jugador del Nápoles. La trayectoria del equipo cambió, y de qué forma, desde ese momento.

El Nápoles no había ganado hasta entonces más que dos Copas de Italia, una de ellas en 1962, cuando jugaba en la Serie B -la Segunda División del país-, y algún que otro título menor. Desde 1984 y hasta 1991 consiguió entrar entre los grandes de Europa: ganó dos Ligas, una Copa, una UEFA y una Supercopa de Italia. Fue, además, dos veces subcampeón y una vez tercero. El Nápoles y Maradona se convirtieron en el símbolo de un sur italiano que por fin podía confrontarse sin complejos, por lo menos en lo futbolístico, a los grandes, laureados y ricos equipos del norte: Juventus, Inter y Milan. Antes, solo el Cagliari de Gigi Riva a finales de los años 60 había representado algo parecido.

Pero esa brillante trayectoria comenzó a frenarse el 17 de marzo de 1991, cuando Maradona dio positivo por cocaína en un control antidopaje. Nada volvió a ser igual a partir de entonces. El Nápoles entró en una cuesta abajo que le condujo al descenso en 1998. En 2000 regresó a la Serie A, pero fue solo un espejismo: al año siguiente volvió a descender y en 2004 bajó a la Serie C1- la Segunda B italiana- por problemas económicos.

El productor cinematográfico Aurelio De Laurentiis se hizo entonces con el club y aportó 40 millones de euros. Su apuesta no fue en balde y la gente de Nápoles le recompensó a su manera. El primer año en C1, el San Paolo tuvo una media de 37.000 espectadores por partido, y llegó a superar los 60.000 contra el Reggiana y el Avellino, como si los contrincantes fueran el Milan de Sacchi o el Juventus de Platini, con los que lidiaban en sus años dorados. El Nápoles tardó tres años en resurgir. En 2006 subió a la Serie B y la temporada siguiente volvió a la máxima categoría del fútbol italiano. El año pasado volvió a conquistar, tras 16 años, una plaza en las competiciones europeas.

Ese ascenso se está confirmando este año: el equipo marcha segundo en Liga tras 21 partidos a cuatro puntos del líder, el Milan, y continúa con opciones en la Liga Europa, donde en febrero se enfrentará al Villarreal en los octavos de final, y en la Copa de Italia, competición en la que le espera el campeón vigente, el Inter de Milán.

La diferencia entre este equipo y el que triunfó en los ochenta es evidente: no cuentan con ningún Maradona entre sus filas. Pero, de momento, otro sudamericano está tirando del conjunto con sus goles: Cavani. El uruguayo, fichado este año procedente del Palermo, lleva ya 14 goles, a solo uno del máximo goleador de la Serie A, Di Natale. “Ser el máximo goleador del campeonato italiano sería un sueño, pero solo Dios sabe cuándo puede llegar ese momento o si va a llegar algún día”, manifestaba hace unos días en una entrevista a la revista Don Balón. El pasado nueve de enero, el matador, como le llaman los seguidores del Nápoles, marcó el triplete con el que el equipo goleó al Juventus regalando a la afición una noche digna de la época de Maradona, Careca y Giordano.

Ayuda para marcar goles no le falta a Cavani. Detrás tiene al eslovaco Hamsik, que a sus 23 años es uno de los mejores jugadores de su país y ya lleva siete goles y tres asistencias esta temporada. A su lado también está Lavezzi, que con cinco tantos y ocho pases de gol se ha convertido en el complemento perfecto para Cavani. Tal es así que el mismo Maradona manifestó hace tres meses que el Nápoles debería recuperar el dorsal número 10, retirado en honor al Pelusa, y dárselo a Lavezzi, también argentino. El futbolista no hace ascos a esa posibilidad. “No me asusta esa responsabilidad, aunque es algo que también deben decidir los aficionados”, reconoció hace días a Sky Sport Italia. Bruscolotti, que fue jugador del Nápoles de los 80, es contrario a esa idea: “No bromeemos. Si Lavezzi gana todo lo que ganó Diego, entonces hablamos”. La cuestión del 10 ha generado tal debate en el club que hay incluso grupos en Facebook pidiendo que se recupere ese dorsal.

El Nápoles cuenta, además, con otros jugadores de talento como Paolo Cannavaro, hermano del ex madridista Fabio, Zúñiga o el experimentado portero De Sanctis. Esperan, entre todos ellos, resucitar al viejo Nápoles de los 80. Con el 10 en una camiseta o sin él. Eso ya es otra historia.

Fuente: El País.com

Anuncios