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Pues sí, habrá final Madrid-Barça. Será en Semana Santa, el miércoles, se supone que en Valencia. Vayan haciendo planes. Y no está de más recordar tres cosas; una, que justo el final de semana anterior el Barça visitará el Bernabéu, se supone que con la Liga aún en juego; dos, que con esto, pase ya lo que pase en la final, habrá doble duelo entre los dos grandes en agosto, porque jugarán la Supercopa; y una tercera, que dado que podemos dar a los dos como clasificados para la Champions, la plaza de la Europa League para el campeón de Copa correrá al séptimo de la Liga.

Por lo demás, la emoción estuvo en el Bernabéu, como no podía ser menos. La segunda línea del Barça cantó la nana habitual en Almería, donde ganó por 0-3. Lo del Bernabéu tuvo otra emoción, otra carga. A cambio, menos belleza. Y también su punta de polémica: no me quedé convencido con el gol anulado a Negredo, el segundo gol que el Sevilla pierde por milímetros en esta semifinal. El Madrid, que no estaba sobrado, suspiró con alivio. Porque fue un Madrid espeso frente a un Sevilla prudente. Un Madrid todavía con Cristiano y Di María apagados, aunque con Özil en su mejor versión.

Con todo, las mejores ocasiones fueron para el Madrid, tres de ellas lastimosamente falladas por Benzema, y alguna más que se le escapó a Cristiano. Pero cuando el sufrimiento subía, Özil corrió hacia un pase de Khedira al claro y marcó con elegancia supina, dejando sentado a Varas, que, por cierto, dejó aroma de buen portero. Y, ya entre cánticos, unos festivos y otros intolerables (a Del Nido se le cantó lo que suele oír Mourinho), llegó el segundo, gol limpio de Adebayor, que resolvió con frialdad de grande. Gol cinco mil del Madrid en casa en su historia. Adebayor llega con estrella, no cabe duda.

Alfredo Relaño

Fuente: As.com