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Mourinho es todo un especialista en montar cristos donde no los hay. Una victoria épica la convierte en un sainete sacando el folio de los errores. Una noche plácida y feliz queda marcada por la denuncia de una presunta cacería a Cristiano Ronaldo que, simplemente, no existe.

Nadie pega a Cristiano Ronaldo. Ni a Messi. No puede decirse ni hay la sensación de que la Liga española sea violenta, de que los defensas estén empleándose como carniceros contra los dos fenómenos. Prueba de ello es que apenas se lesionan por traumatismo, que no se pierden partidos porque suelen acabarlos con todas las piezas en su sitio. En todo caso, tendría mucho más que denunciar el Kun Agüero que cualquiera de estos dos.

Las entradas que se producen son las de siempre. Algún día, a uno se le va la mano. Otra tarde, el duelo se salda con un número de faltas normal y corriente. Alguna vez, son los delanteros quienes sacuden estopa, como en aquella entrada escalofriante de Cristiano a Ujfalusi. Tampoco se puede pretender que el fútbol sea baloncesto, con sus faltas personales y los jugadores levantando la mano cada vez que cometen una infracción.

Denunciar lo que no ocurre es práctica común en Mourinho. Se queja de que le roban los árbitros pero no es cierto. Dice que Valdano le estorba pero no es verdad. Asegura que no quiere poder pero mangonea en la renovación de Pepe. Ahora saca a relucir una campaña de caza y captura a su chico. Es mentira. El fútbol español, a día de hoy, no es un fútbol violento. Como mucho, hay sólo un macarra. Y el personal lo tiene perfectamente detectado.

Roberto Palomar

Fuente: Marca.com

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