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Dos equipos, dos Ligas, dos velocidades y un mero trámite. O casi, porque el Real Madrid ganó con la gorra a un Hércules que suma más de 1.000 minutos sin ver puerta lejos del Rico Pérez. Bastó la inspiración de Özil, la garra de Di María y el olfato goleador de un Benzema que está de dulce. El resto no desentonó, pero tampoco hacía falta mucho más para tachar del calendario un partido que demuestra el punto exacto en el que se encuentra el torneo español de la regularidad, tan desigual que produce partidos como éste con una frecuencia preocupante.

El Madrid salió a medio gas, como midiendo las intenciones del Hércules, y en cuanto supo que el rival era de cartón piedra se puso manos a la obra para solventar lo antes posible la papeleta de turno. Bastó un fogonazo de Özil para incendiar la frágil zaga herculana. El alemán vio la entrada de Arbeloa y Benzema sólo tuvo que empujar a la red el pase del maño. Con muy poco, el Madrid marcaba su terreno y mandaba al Hércules al frente buscando un empate que se antojó quimérico con el paso de los minutos.

Aparece Casillas
Y eso que tuvo sus opciones. Casillas tuvo que desviar sendos disparos de Thomert y Kiko Femenía en apenas un minuto, despertando de su letargo a la adormecida grada del Bernabéu, pero fue un mero espejismo que Benzema se encargó de enterrar bajo siete llaves con un gol de bandera poco después de la reanudación.

Pudo ser Adebayor el que pusiera el cascábal al gato con un remate -en fuera de juego no pitado- que repelió el larguero, pero tuvo que ser de nuevo Benzema el que certificara el cómodo triunfo blanco con un tanto que refleja las fantásticas condiciones futbolísticas de un delantero injusta y permanentemente bajo sospecha. El galo remontó la línea de fondo, dejó petrificado a Abraham Paz con un golpe de cintura y ajustó su remate a la cepa del palo izquierdo, que mandó la pelota a la jaula de justo y certero rebote.

El dos a cero acabó con cualquier posibilidad de remontada y sólo la falta de puntería de los atacantes blancos evitó un marcador más abultado. Tan claro lo vio Mourinho, que dio descanso a Di María cuando faltaba más de media hora de partido. Un partido, dicho sea de paso, que retrata esta Liga tan emocionante como desigual.

Fuente: Marca.com