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El Barcelona volvió a impartir una clase práctica de fútbol en la noche donde el apoyo a Abidal confeccionaba el marco del partido. El Camp Nou era el envoltorio de un encuentro que se abrió desde el momento en el que los locales comenzaron a jugar con el balón. Como si fuera la misma historia de siempre, como si nadie la hubiera visto todavía, con la misma fuerza y contundencia que desprende, con la vistosidad y elegancia que muestra, el Barcelona doblegó a un Getafe (2-1) que tuvo que arrodillarse ante una superioridad evidente. Pero su imagen no fue mala, tuvieron sus oportunidades, hicieron un gol y dejaron un sabor a derrota dulce que llegó por la potencia diferencial del que es mejor.

El ataque posicional que mostró el Barcelona le permitió exhibir todas sus cualidades ofensivas. Villa partía desde la izquierda, Bojan desde la derecha, y Messi arrancaba desde la zona de creación hasta el área conjugando las facetas de centrocampista y delantero. Siempre orientado por el olor a balón, Iniesta permutaba por toda la zona de ataque, encontrando paredes fáciles con sus compañeros y haciendo un poco mejor a Xavi. Adriano explotó la banda izquierda y por su carril llegaron muchas ocasiones del Barcelona. Un rechace de la defensa del Getafe cayó al borde del área y lo recogió Dani Alves para enganchar una volea y anotar uno de los goles de la temporada.

El Getafe asumía su debilidad pero no descartaba las jugadas ofensivas. En una internada por la banda de Arizmendi, Casquero remató desde el área pequeña pero consiguió despejarla Valdés. El portero catalán demostró que su grado de efectividad es directamente proporcional al de las ocasiones que recibe. En esta ocasión, un ataque peligroso y una parada de mucho mérito. En el lado inverso, Villa no fue capaz de mandar a la red las múltiples ocasiones de las que dispuso a lo largo del encuentro. Alguna vez Codina, otra su propia puntería, pero el casillero del asturiano quedó a cero. El Barcelona protestó varios posibles penaltis, pero fue consciente de que su buen juego era el mejor argumento contra las acciones polémicas.

Al poco de comenzar la segunda parte, Messi se aventuró a tantear el borde del área, asistió a Bojan, y éste chutó desde la frontal para hacer el segundo y definitivo tanto del partido. Los cambios de Míchel y de Guardiola terminaron de dibujar un partido que tuvo un dueño claro. Tan sólo el gol de Manu del Moral en los últimos compases alteró la tónica constante del partido. El Barcelona asumió que lo suyo no es un disfraz de líder sino que su vestimenta actual, la de primer clasificado, les define en función a un tipo de juego, a la ideología del toque con sentido, y les convierte en claros favoritos para terminar el año en la posición que actualmente ocupan.

Fuente: sportyou.es

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