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Un entrenador. Un nombre: Pep Guardiola. Llegó al banquillo del club de sus amores hace más de 3 años. Sin experiencia previa con un ascenso del filial blaugrana a 2ªB como único logro. De ahí al Camp Nou. Su primera decisión: prescindir de varios de los cracks que consiguieron la segunda Copa de Europa en 2006 y que más peso tenían en el vestuario: Ronaldinho, Deco y Eto’o. Solo prometió trabajo y en su primera temporada como entrenador consiguió el triplete. Ese fue el inicio de un equipo de leyenda y de un artista, un arquitecto obsesionado por el buen fútbol que ha diseñado al que se puede considerar como el mejor equipo de fútbol de la historia.

Tras disputarse 3 temporadas y media, el Barça de Guardiola ha conseguido 13 títulos de 16 posibles. Quedó eliminado de la Copa por el Sevilla y precisamente, fue Mourinho quien le privó de ganar los otros dos trofeos: la Champions que fue para el Inter y la última Copa del Rey, ganada por el Real Madrid. Más allá de los títulos ganados, el factor diferencial con el resto de equipos reside en cómo lo hace.

Heredero del pensamiento futbolístico de Cruyff, confidente de Juan Manuel Lillo y de Marcelo Bielsa, Guardiola ha introducido nuevos ingredientes a la fórmula Barça. Esa fórmula que se sustenta en una idea básica: poseer y mimar el balón. Ser dueño de él, tanto para atacar como para defender. Los defensas atacan, los delanteros defienden. El mudo al revés. En el partido de ayer ante el Santos vimos una nueva apuesta con 9 jugadores criados en la Masía, sin delantero centro, con 3 defensas y el resto centrocampistas con gran toque y visión de juego. Para Guardiola, hay que rodear al balón de grandes jugadores, de los mejores. En cualquier equipo sería incompatible juntar a Xavi, Iniesta, Cesc, Thiago o Messi. Todos ellos fueron titulares ayer, demostrando que los grandes jugadores siempre tienen sitio.

Guardiola ha conseguido temporada tras temporada aumentar su capacidad para innovar y seguir motivando al conjunto con el único objetivo de alcanzar la plena excelencia futbolística. No sé entiende la supremacía actual de Messi como mejor jugador del planeta sin el trabajo del técnico de Santpedor. Él antes que nadie decidió sacar al argentino de la banda y situarlo como “falso 9”, como hacía Laudrup en el Dream Team. Así triangulaba y se asociaba con Xavi e Iniesta en el medio del campo y los centrales del equipo rival perdían la referencia para defender al delantero centro. Tampoco nadie se extrañaría si jugadores como Pedro o Busquets jugaran en cualquier equipo de segunda división. Fue Pep quien confió en ellos en el momento oportuno. Ahora son campeones del mundo, tanto a nivel de club como de selección. Y la última incorporación pedida expresamente por Guardiola, Cesc Fàbregas, que vino como futuro sustituto de Xavi pero que desempaña todas sus virtudes en una posición más adelantada y en la que su capacidad goleadora aumenta cada partido.

Comparto plenamente alguna opinión o crónica en la que definen al estilo del Barça de Guardiola como “algo contracultural”. En la mente de muchas personas, están algunos de los mejores equipos de la historia del fútbol. El Madrid de Di Stéfano, al Ajax de Cruyff, el Milan de Sacchi…mi primer recuerdo futbolístico nace con el Dream Team de Cruyff pero la mayoría de analistas confirman que el juego y las variantes tácticas de este Barça no se habían visto nunca. Y sobretodo, conseguir lo más difícil: seguir ganando títulos cuando ya has alcanzado la cima. El Barça de Rijkaard cayó en la autocomplacencia dejando un sabor agridulce en los seguidores blaugranas pero el Barça de Guardiola ha magnificado este deporte llamado fútbol.

Deberán pasar varios años para entender el alcance real de este equipo. Xavi, Messi e Iniesta son únicos e irrepetibles. Pura fantasía. Disfrutemos del momento porqué este Barça ya ha grabado con letras de oro su nombre en la historia del fútbol mundial.