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A Javier Mascherano se le conoce como “el Jefecito” debido a su mando tanto dentro como fuera del terreno de juego. El argentino llegó a Barcelona en agosto de 2010 con el cartel de uno de los mejores centrocampistas de la Premier League. Formó parte de un glorioso Liverpool junto a Xabi Alonso, Gerrard y Torres bajo la batuta de Rafa Benítez. Su traspaso se cifró en 22 millones de euros y venía a suplir la importante baja de Yaya Touré.

Mascherano debutó en Liga en el Camp Nou ante el Hércules con derrota y empezando el partido como mediocentro, su posición natural. Pero su rol fue secundario, siempre en la sombra de Busquets, Xavi e Iniesta, recién proclamados campeones del mundo. Sabía que a base de esfuerzo y compromiso podría tener la posibilidad de ser un fijo para Guardiola.

El entrenador azulgrana se deshizó en elogios hacia Mascherano y Keita con una curiosa afirmación después de un partido de la pasada temporada: “A Mascherano y Keita no me los toquéis, que son mis niñitas. Son dos soles de jugadores; impagables, de los que dan sentido a la profesión de entrenador”.

Las continuas bajas en defensa que ha sufrido el Barça en el último año (Puyol, Piqué, Abidal y Adriano) han hecho que Guardiola cambie su planteamiento e incorpore a Mascherano como un central más. Idea semejante a la llevada a cabo por Marcelo Bielsa con Javi Martínez. El rendimiento en ambos casos ha sido espectacular.

Quizás el jefecito no sea el central más rápido de la plantilla ni el más dotado para sacar el balón jugado desde atrás. Ni tampoco el de más altura. Estas carencias las ha suplido con un conjunto de habilidades ideales para la posición de central dentro del sistema de Guardiola: gran sentido táctico, perfecta colocación, experiencia y su ya conocida habilidad para rebañar todos los balones que pasen por su lado.

Javier Mascherano se ha convertido en el comodín preferido de Guardiola y en un central imprescindible para el Barça.