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Casillas alza al cielo de Kiev la segunda Eurocopa consecutiva para España. Foto: Reuters.

Nunca una selección de fútbol había ganado de forma consecutiva dos titulos continentales y un Mundial. Brasil, Argentina, Alemania, Italia….cualquiera de estas grandes selecciones lo podría haber conseguido. Pero el honor ha recaído en la selección española. La ‘Roja’, a la que durante mucho tiempo le faltó un estilo de juego que conectara con sus aficionados, la que no superaba los cuartos de final, la que siempre le perseguía la mala suerte, se ha alzado con dos Eurocopas y un Mundial en cuatro años.

La selección ha escrito la página más dorada del fútbol español de toda su historia gracias al hecho de juntar a una generación de futbolistas irrepetibles. España no tiene un sólo líder en el campo. Los Casillas, Xavi, Iniesta, Silva, Xabi Alonso, Cesc, Piqué, Ramos…forman un conjunto único que se guía a través del cerebro de Xavi, las paradas irrepetibles de Casillas, la fantasía melódica de Iniesta, los goles de Torres, la omnipresencia de Busquets, la sobriedad de Ramos y la maestría de Vicente Del Bosque desde la área técnica.

Italia se presentaba a la gran final tras un estupendo campeonato en el que los pupilos de Prandelli han efectuado un fútbol creativo y vistoso, rompiendo con la imagen de una Italia basada en el catenaccio. En semifinales se deshizo sin problemas de Alemania con un Pirlo majestuoso. En la final, el ’21’ de la azzurra se vio marcado de forma continua por los jugadores españoles. Del Bosque sabía que todo el juego de construcción de los italianos pasaban por las botas del excelso jugador de la Juventus.

Los goles de Silva, Alba, Torres y Mata fueron un duro correctivo para una Italia, borrada del terreno de juego gracias a los dos centrocampistas que han cambiado la idea de jugar de la selección: Xavi e Iniesta. Quizá Cristiano y Messi se lleven todos los elogios y trofeos individuales pero la belleza del juego corre a cargo de dos bajitos que llevan el ADN Barça en su organismo y que hacen las delicias de todos los aficionados al fútbol, aunque lleven cada fin de semana la camiseta de su eterno rival.

En el aspecto defensivo, la baja de Puyol no se ha notado. El equipo ha recibido un único gol en todo el campeonato (Di Natale en la primera jornada). A semejanza del juego del Barça, la posesión del balón es la mejor arma defensiva de todas. Además, la posición de Ramos como central lo ha encumbrado como uno de los mejores de la Eurocopa. Ha hecho gala de una sobriedad magnífica, cortando las jugadas de peligro (por bajo y por alto) y dándole al equipo una dosis de competitividad y entrega excelente. La otra gran sorpresa la ha protagonizado Jordi Alba. El reciente fichaje azulgrana llegaba como el sustituto perfecto para Capdevila pero tenía ante así un reto mayúsculo: jugar su primer torneo importante. Empezó con alguna duda ante Italia pero ante el mismo combinado ha acabado como el mejor lateral izquierdo del campeonato. Ha hecho gala de una rápidez endiablada e incluso se ha estrenado como goleador.

Torres y Cesc. El debate del falso nueve. Foto: Getty Images.

En ataque, la discusión periodística previa a los partidos se centraba siempre en la pareja Torres-Cesc y el falso nueve, a excepción de las semifinales en la que jugó Negredo como delantero centro. Del Bosque, fiel a sus ideas, ha sabido compatibilizar a ambos jugadores en función del rival al que se enfrentaba. Cesc cuajó una gran final, dejando muestras de su llegada al área rival y de su conexión con Xavi, Iniesta y Silva. Con jugadores de esa calidad es fácil jugar sin una referencia clara en ataque.

España lleva mucho tiempo sufriendo una galopante crisis económica. Quizá también una crisis de valores, mucho más traumática para el país. El fútbol, como deporte de masas nos muestra a veces que con talento, compromiso, sacrificio y solidaridad cualquier sueño se puede cumplir. Tomemos nota del ejemplo que nos ha dado la selección.